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“Las mujeres deben tener más amantes porque los orgasmos hacen mucha falta”

“Las mujeres deben tener más amantes porque los orgasmos hacen mucha falta”

Mantener relaciones sexuales satisfactorias no sólo es una cuestión relacionada con el placer, sino con la salud, tanto física como mental, pero llegar al orgasmo no siempre es fácil. El estresante ritmo de vida de la sociedad contemporánea y el deficiente aprendizaje sexual y emocional limitan a muchas mujeres a la hora de experimentar su sexualidad al máximo. Una deficiencia que, según la sexóloga y creadora del concepto de poliamor Deborah Taj Anapol, está detrás del desarrollo de numerosas enfermedades transitorias.

Para la fundadora del movimiento denominado poliamor, las desventajas de no tener orgasmos con regularidad también implican una aceleración del envejecimiento y una acumulación de tensión sexual que debilita las defensas del sistema inmunológico. Unas conclusiones que también se han ratificado desde el campo de la ginecología, como es el caso de las investigaciones llevadas a cabo por la francesa Danièle Flaumenbaum. Unas tesis sobre las que profundiza en su último ensayo, una enciclopédica guía sobre la sexualidad, titulado Mujer deseada, mujer deseante. Las mujeres construyen su sexualidad, que llegó a las librerías españolas el pasado mes de noviembre, de la mano de la editorial Gedisa, después de haber vendido más de 70.000 ejemplares en Francia.

Como explicaba la autora gala en una entrevista publicada en este diario, “el encuentro del sexo y el cuerpo nos aporta una nueva energía física que contribuye a curarnos de ciertas patologías y enfermedades, o lo que es más importante, a prevenirlas”. Y es en este punto en el que Anapol trata de profundizar, desarrollando consejos y alternativas para alcanzar la plenitud sexual.

Desaprendiendo a disfrutar

Una de las primeras causas que están detrás de esta limitación, apunta la sexóloga, tiene que ver con la incapacidad para superar emocionalmente relaciones pasadas, “no digeridas”. Ante esta situación, lo más frecuente es “tratar de obviarlo”, conscientemente, y no expresar los sentimientos debido a que la pareja “no sabe o no puede ayudar”. Sin embargo, esta actitud es siempre contraproducente, según Anapol, porque “así nunca podremos superar la experiencia pasada”. Hasta el punto, advierte, “de perder ciertas capacidades sensoriales y hacernos insensibles a la excitación”.

A la mayoría de mujeres se les enseña a reprimir o ignorar su deseo sexual desde adolescentesOtra de las causas que impiden disfrutar de las relaciones sexuales de forma plena tiene que ver con la herencia cultural, que la sexóloga tacha de machista, y que es más difícil de superar, pues forma parte de nuestro aprendizaje emocional básico. “A muchas mujeres se les enseña a reprimir o ignorar su deseo sexual desde adolescentes, algo que no es fácil cambiar cuando son adultas. Una inhibición sexual que deja a las personas a su suerte, explorando por ellas mismas las formas de dar y recibir. En ocasiones será posible llegar a desarrollar todo el potencial sexual, pero no suele ser la norma”.

Una incapacidad que, como también mantiene Flaumenbaum, se debe, principalmente, a que las mujeres no han sido instruidas sobre el placer y a las deficiencias de la educación sexual en el seno de la familia. A pesar de la liberación sexual y a los avances socioculturales que han permitido a la mujer vivir su sexualidad al igual que los hombres, “siguen sin saber concebirla como una dinámica del goce”. Además, añade, solemos carecer de “modelos realistas” en los que fijarnos.

¿Y si la culpa es de la pareja?

Para la autora de Poligamia en el siglo XXI, los hombres y, sobre todo, los roles de género establecidos en las relaciones de pareja, representan otro de los elementos dañinos para disfrutar del sexo. Unos roles que se basan en la “posesión” de la pareja y en la tesis de que el matrimonio es sólo una institución reproductiva, sin cabida para experimentar el “lujo” del romanticismo y la pasión.

El sexo nos pone cara a cara con nuestras emociones y deseos más profundosEl sexo, defiende Anapol, “nos pone cara a cara con nuestras emociones y deseos más profundos, por lo que es imposible amar incondicionalmente a los demás y ofrecerles lo mejor de nosotros si uno no se quiere a sí mismo”. Una falta de amor propio que, insiste, se debe a un “condicionamiento cultural” por el que “sólo se anima a los hombres a desarrollarse como amantes, pero no a las mujeres”.

Es en este punto en el que propone como solución “romper con este condicionamiento cultural”, donde las tesis de la famosa autora generan una mayor polémica. Y es que dice que una de las mejores formas de “liberar el apetito sexual” pasa por superar la monogamia, a no ser, apunta de forma irónica, “que las mujeres tengan la suerte de estar con un hombre especialista en sexo tántrico o con una maravillosa educación sexual para despertar en su pareja la respuesta sexual más profunda”.

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