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El Espejo| Crónica de un golpe anunciado

El Espejo| Crónica de un golpe anunciado

1)Nunca se había visto un acoso tan agresivo, salvaje, múltiple contra un gobierno en Venezuela como el que existe contra el presidente constitucional Nicolás Maduro. Contra Rómulo Betancourt hubo una situación parecida, mas no de la misma magnitud. La llevó a cabo un sector de la izquierda, el Partido Comunista, que se batió heroicamente en la resistencia a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, y los integrantes de sucesivas divisiones de AD, una de ellas encabezada por figuras emblemáticas de ese partido como Domingo Alberto Rangel, Simón Sáez Mérida y lo más prometedor de su juventud. Pero Betancourt contó con el apoyo irrestricto de Estados Unidos, el empresariado, los inversionistas extranjeros, los medios de comunicación, la gran burguesía y, en general, el establecimiento político-económico que cerró filas en torno a él. Más que por las razones simplificadoras que suelen darse sobre la habilidad política del líder adeco -que sin duda la poseía-, por miedo a una revolución similar a la que se desarrollaba en Cuba.

2) Pero lo que ocurre con Maduro bate récord. Es el puntofijismo carcomido por el odio, la burguesía en bloque, el gran capital, el sistema financiero, los monopolios, la ultraderecha nacional e internacional, la jerarquía de la Iglesia católica, el poder imperial de EEUU a través de sus organismos de seguridad e inteligencia, los medios de comunicación del mundo coaligados, la Unión Europea; en fin, una cayapa en la cual participan activamente los más sórdidos intereses que se conocen contra un gobierno de origen popular, constitucional y democrático que, más allá de errores y equivocaciones, representa legítimamente a la nación venezolana.

3) Un precedente de lo que hoy pasa con Venezuela lo encontramos -en otro tiempo y contexto- en el artero golpe contra Salvador Allende, organizado y ejecutado por la oligarquía chilena, la derecha fascista, los medios de comunicación, la Fuerza Armada cautiva de los mandos traidores y EEUU, que participó descaradamente con apoyos de toda índole. En Chile no hubo razón alguna para el golpe cruento que acabó con la democracia e instauró una dictadura criminal y rapaz durante 18 años. Pero había que derrocar a Allende porque su gobierno, según la derecha, caotizaba al país, cuando era ese sector el que lo hacía manejando el desabastecimiento, desatando la inflación, practicando el terrorismo y sembrando el miedo en la colectividad.

4) Tampoco en Venezuela hay motivos para sacar del gobierno a Maduro. Pero en el sucesor de Chávez ven el conjunto de factores políticos, económicos y sociales que desde el primer momento se opuso al proceso bolivariano -de limpio origen democrático y popular-, protagonista del golpe del 11 de abril, del petrolero, del terrorismo, vale decir, la oposición que se gestó inspirada en la revancha, la oportunidad de cumplir el plan trazado junto con los EEUU para acabar con la revolución democrática y pacífica que se lleva a cabo. Por eso, la oposición irrumpe violentamente contra la victoria de Maduro en las urnas y a partir de ese momento le declara la guerra. Desprecia la oportunidad de dialogar que le ofreció el nuevo Mandatario al abrirle las puertas de Miraflores y los llamados constantes a la convivencia.

5) La oposición interna -y la que actúa en el exterior a través de una bestial campaña mediática- apela a todos los recursos para provocar la caída de Maduro. No le da tregua. Desprecia todas las ofertas para entenderse y ha demostrado que privilegia el atajo para generar un clima de violencia, cuya máxima expresión fue la guarimba de febrero de 2014. En ningún momento, la oposición ha renunciado al propósito de derrocar a Maduro. Es el centro de su estrategia, reforzada con la victoria en las elecciones del 6-D, cuyo resultado se interpreta como un pronunciamiento popular a favor de la salida de Maduro de la presidencia. Auténtica falacia, ya que todas las encuestas revelan que el país no votó por la alteración del orden constitucional, sino por su fortalecimiento para lograr la paz. Ahora todo se resume en ese propósito. Se da un plazo de seis meses para la salida “constitucional, pacífica, democrática” de Maduro -supuestamente el revocatorio-, pero como el tiempo apremia, se plantea que “nadie duda que seis meses es mucho tiempo para un cambio constitucional”. Entonces, ¿qué se propone? ¿Un cambio no constitucional? Porque las otras fórmulas son más difíciles de aplicar. Una de ellas, la renuncia de Maduro, es demencial. Lo sabemos quienes conocemos al personaje. ¿Qué otra hay? No existe. Ninguna encaja dentro de la Constitución. La única es el golpe, que es la que se maneja de forma disfrazada en público; o abiertamente tras bastidores. Sin otra motivación que aquella de los protagonistas del 11-A (según sentencia de los magistrados golpistas enquistados en el Tribunal Supremo de entonces): que estaban “preñados de buenas intenciones”. Pero eso requiere pueblo resteado en la calle y militares. ¿Están conscientes los políticos que auspician y promueven el golpe en gestación, que no es otra cosa que la ruptura del orden constitucional, lo que significa meterse en una aventura que conduce, fatalmente, a una sangrienta confrontación entre venezolanos? Pedirles que reflexionen es inútil. Todo indica que ya lo decidieron. A ese extremo han llegado.

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